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Sobre Perro come Perro / Entrevista exclusiva a Carlos Moreno
Por el periodista Alberto Posso Gómez, para el Diario El País, de Cali
El caleño Carlos Moreno es el primer director colombiano nominado en el Festival de Sundance, donde su ópera prima fue llamada entre más de 900 aspirantes, a integrar el grupo de 15 privilegiadas en la ‘World Dramatic Competition’.
El próximo 18 de enero será el estreno mundial de un trabajo que tiene expectante al mundo del cine en Colombia. Es la primera vez que un filme colombiano es ubicado en este honor. El país ha sido testigo además, del tesón del grupo de realizadores de Antorcha Films y Pato Feo Films, quienes han logrado conseguir el patrocinio necesario, ya que no clasificaron en los auxilios del Ministerio de Cultura.
“La salsa la conocí a través de mis tíos paternos”, apunta Carlos Moreno a propósito del título de la película. “En su colección tenían a Héctor Lavoe, Willie Colón, Ray Barreto, Richie Ray, los hermanos Lebrón, etc.”. Al cineasta caleño se le nota la emoción cuando habla de la música, tema que rivalizaría con el cine, en la cuestión de sus afectos.
“Un disco me gustaba especialmente: Fe, Esperanza y Caridad, de Henry Fiol, y el tema ‘Ahora Me da Pena’. Una de sus estrofas dice: “Yo nací en Nueva York, en el condado de Manhattan, donde perro come perro y por un peso te matan”. Paradójicamente reencontré esa canción el día que junto con Alonso Torres buscábamos un título para la película, en La Bodega Cubana”.
Torres, amigo de Moreno desde la facultad de sociología, es coguionista de la cinta, y trabaja hace años como discjockey-administrador en La Bodega Cubana. Es el autor del relato Los Malditos, en que se basa el filme. “Nunca supe si era una novela corta ó un cuento largo, pero percibí que tenía clave de thriller, ambientado en una Cali sofocante con personajes grasientos”, explica el realizador.
“Decidí entonces que la película se llamaría Perro come Perro, porque esta canción original de Francisco Repilao (Compay Segundo), presenta el ‘movil dramatúrgico’, de la historia. Habla del pecado mortal de nuestra especie: exterminarse a sí misma. Encierra lo innoble que puede contener la naturaleza humana”.
¿Cómo nace la historia de Perro Come Perro?
Contar los orígenes de Perro Come Perro me hace regresar a los años de estudiante de Comunicación Social en la Univerversidad del Valle. En esa época, cursando el taller de audiovisuales con Oscar Campo y Antonio Dorado rodé mi primer corto en el que actuaba Marlon Moreno, que en ese entonces estudiaba arte dramático. Era el momento de los proyectos audiovisuales en Rostros y Rastros y Rayuela (UVTV), junto con Jorge Navas (director), Juan Carlos Gil (director de fotografía) y Diego Jiménez (camarógrafo). Desde ese entonces se sembró la promesa de que algún día rodariamos una película en Cali. Y la promesa fue tomando forma cuando encontré un relato llamado Los Malditos, escrito por Alonso Torres. Era la historia adecuada para cumplir nuestra promesa, y desde entonces decidimos emprender la campaña de adaptar Los Malditos y escribir un guión cinematográfico.
¿Cuál es su específica intención textual?
Nunca la de pontificar valores, ni acercarse a lo que llaman ‘cine social’. Pero en medio del humor negro, tiene como discurso la codicia, la sobre valoración del dinero, la traición, la amistad y la lealtad. Nunca ha sido una historia de narcotráfico, aunque los valores de los confundidos y contaminados personajes se enfrentan a los de la moral mafiosa, y la moral mafiosa está en todas partes.
La preproducción y el rodaje incluyeron aislamiento en hotel de medio pelo…
Quería ensayar al menos cuatro semanas con los actores antes de comenzar a filmar, procurando tener las escenas de tal manera que al entrar al set, sólo fuese necesario marcar posiciones y foco para la cámara. Nos permitió sentir y vivir el espacio, armar una coreografía. El hotel ‘El Corso’ es una locación fundamental y había que generarle todo un clima, desde la dirección de arte hasta la relación de los personajes con ese espacio.
Repercutió en la interpretación de los actores…
Había una tensa relación entre ellos, creada y provocada por mí, pero con su juego y complicidad. Aislamos a Marlon de Blas Jaramillo, hasta que compartieron la escena final, eso generó la tensión que se percibe, y le ayudó a Blas a enfurecerse tanto ante la cámara. Ahora pienso que realmente lo estaba. Con estas estrategia, pretendimos que todo saliera bien y no arruináramos el guión.
¿Su trabajo anterior con una productora argentina influye en la película?
Trabajé en comerciales de TV y videoclips para Centroamérica. Los productores argentinos son personas estupendas. Fue una preparación similar a los astronautas antes de ir al espacio. Conocí de frente el estrés, mi capacidad de trabajo, auténticas pruebas de fuego con clientes, modelos, productos, fechas de entrega, afanes, presupuestos y hasta con animales entrenados. Todo esto enmarcado en las condiciones de cielo, luz y naturaleza tan prodigiosas de América Central. Al llegar a Cali, me subí al ‘transbordador’ espacial. Ya tenía músculo para lo que se venía.
¿Qué es hacer cine?
Filmando esta película comprobé que el asunto cinematográfico es como un juego. Sin duda los cineastas y su equipo, en su infancia obligatoriamente han debido tener mucha lúdica, esto es jugar mucho. Hacer cine en conjunto es inventar un juego, una fantasía, una escenografía que no existe, con reglas propias, un juego que se aplaza cada día de rodaje hasta el día siguiente, e ineludiblemente todos deben entrar en ese juego, sino se derrumba la película. Pero en medio del juego tambien hicimos la película con mucho miedo, las películas hay que hacerlas así.
¿No cree que el país está ya cansado de películas de violencia?
El público colombiano hoy tiene un nuevo cine que es como tener un espejo enorme, después de haber tenido uno que a duras penas le permitía verse el rostro. Algunas verdades duelen, como verse los ‘nuevos’ pero ineludibles defectos. Estoy casi seguro que la suma de la totalidad de las películas colombianas no da un resultado de violencia o temas sociales, como se comenta peregrinamente. Es un complejo que sufrimos, una tendencia y una política, por cierto muy de moda, a ocultarnos y no escuchar lo que ocurre a sólo unos centímetros de nuestra cercada vida. Perro Come Perro no se circunscribe a un género violento, sino a un género que no es cómodo, pero sin duda irónico y entretenido.
¿Les tocó investigar sobre brujería?
La metafísica es otra preocupación ancestral, enterrada en nuestra piel como una incómoda astilla. Para la relación entre ‘El Orejón’ (Blas Jaramillo) y la bruja Iris (Paulina Rivas), estudiamos incluso la relación entre el rey Arturo y Merlín, y en general muchos relatos que incluyen a un personaje poderoso y su brujo o chamán de cabecera. No fue difícil encontrar el equivalente en nuestro país. Investigamos en el Valle y en el Pacífico colombiano.
¿Y quedó de creyente?
Debo reconocer que por momentos sentía miedo, de hecho jamás he consultado a una bruja por mi destino y menos he solicitado sus trabajos, pero mi respeto por el poder de la mente y el espíritu humano cada vez es mas grande. Mi desconocimiento por el mundo que no es palpable, pero que sí es vecino, me produce escalofríos. Después de la investigación comprendí que la gente tiene una sed espiritual enorme, que no la pueden saciar las creencias, como están ahora establecidas”.
¿Como tuvo contacto con Paulina Rivas?
Conocí a Paulina durante un ensayo de una obra de teatro con mujeres desplazadas que dirigía Lucy Bolaños y su hija Susana Uribe. El casting para Iris, lo habían hecho antes muchas actrices colombianas, pero caían en el estereotipo de bruja malvada clásica, como la de Hansel & Gretel o Blancanieves, muy lejano a una auténtica bruja negra del Pacífico colombiano. Buscamos entonces una actriz no profesional y encontramos en aquel ensayo a cinco mujeres que podrían haber hecho el papel. Fue una difícil decisión, pero finalmente me decidí por Paulina porque es una persona supremamente inteligente.
¿Cree que ella tendría un futuro en la actuación?
Es una mujer muy inteligente, por encima de eso, creo que Paulina más que un papel en la actuación, va a tener un papel determinante en su familia, en la humanidad. El cine no es nada frente a lo que Paulina puede ofrecer como mujer.
¿Cuánto aprendió del español Joaquín Jordá, su asesor de guión?
Buena parte de la confianza para hacer la película. Sus sesiones parecían más una terapia de psicoanálisis a los personajes que una revisión técnica de actos, páginas y diálogos en el guión. Algunas sugerencias que caprichosamente pretendí no escuchar, las enfrenté en el rodaje y las pude solucionar a tiempo. En esos momentos recordé su singular método de asesoría, su carácter que inicialmente era incisivo y cuestionador, para después convertirse en cómplice. La sonrisa sardónica que se dibujará en los espectadores es también obra de Jordá, uno de sus últimos actos anarquistas.
En cierto modo, la película se parece a El Profesional, de Luc Besson. ¿Le inspira este director o es sólo cuestión de género?
Si se parece a alguna película de Besson es porque atiende al género, o porque acoge algún arquetipo de su cine. Soy creyente de la frase de Borges en la que afirma que en el mundo existen muy pocos relatos. Los demás son la variación y la combinación de estos. Con certeza Perro Come Perro retoza con ingredientes de El Profesional, que a su vez retoza con ingredientes de otro y otro y otro relato.
Compite en la categoría más importante de Sundance…
Sí. Es la oportunidad de honrar a toda la gente que participó en la peli, desde los inversionistas hasta el equipo técnico y artístico, y a los patrocinadores del Valle del Cauca.
Si a raíz de este éxito, le ofrecieran dirigir en Hollywood, ¿aceptaría?
Anhelo seguir filmando desde Colombia para el mundo. No sé que pasaría con Hollywood, para mi sigue siendo una sede cinematográfica ajena.
¿Le quedó gustando la comedia negra-thriller o exploraría otros géneros?
El thriller es apenas uno de los géneros que me gusta. Me atrae el melodrama, porque me gustaría enfrentar el reto de hacerlo.
Y usted, ¿se considera perro?
No, aunque les envidio profundamente su vida simple, modesta y feliz, de la misma manera que Diógenes, ‘El Cínico’, los envidiaba. Cinismo viene de ‘kyon’, que en griego significa perro.
Su principal afición, aparte del cine...
La música. Más que una afición, una frustración. Por mucho que lo intenté, nunca tuve talento para ser músico. Alcancé a ser rokero…
¿Cómo le gusta vestirse?
Como en el cine primitivo: blanco y negro.
¿El ser director de cine, atrae a las mujeres?
No lo sé… El que quiera ser director para atraer mujeres puede llevarse una tremenda decepción. Las mujeres tienen una mejor respuesta que la mía.
¿Cuál es su plato preferido?
El sancocho de ñato que hacen mis tías de Buenaventura.
¿Cree que a los hombres les gusta cocinar, o que les cocinen?
Ambas.
¿Dónde prefiere vivir?
Donde estén mis amigos.
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